
Una empresa que mide el siniestro antes de tocarlo
FIXOREX nació con una idea concreta sobre cómo debe abordarse un incendio: como un problema de diagnóstico antes que como un problema de limpieza. En este sector abunda el discurso de la urgencia —acudir en una hora, prometer que se recupera todo, hablar de tecnologías impresionantes— y escasea el de la medición. Nosotros hemos construido el trabajo al revés.
La primera visita a un inmueble de Sabadell no es para empezar, es para entender: por dónde viajó el humo, qué ardió realmente, qué depósito ha quedado en cada estancia, cómo reacciona cada material al test de superficie y qué instalaciones han recibido residuo ácido sin que se note a simple vista. Solo cuando eso está sobre el papel decidimos la química, el orden de trabajo y el alcance. Es un método que exige más horas al principio y evita la mayoría de los errores caros después, y es también el que produce el documento que más sirve a nuestros clientes cuando llega el perito de su compañía.
Esa forma de trabajar tiene consecuencias que nos gusta explicar por adelantado. La primera es que no damos precios de escaparate. Publicar una horquilla por metro cuadrado es fácil y casi siempre inexacto, porque el coste real de un siniestro depende del tipo de hollín, de la porosidad de los materiales, de cuántos días lleva el depósito asentado y de si hubo agua de extinción. Preferimos ver, medir y dar un presupuesto cerrado. La segunda es que decimos que no.
Cuando un material no se recupera —un aislamiento contaminado, un textil que ha absorbido humo hasta el núcleo, una placa electrónica atacada por residuo clorado— lo declaramos y lo documentamos, en lugar de facturar horas en una recuperación imposible. La tercera es que no damos un trabajo por terminado porque huela bien: verificamos partículas y olor residual antes de la entrega y firmamos un acta donde consta qué se hizo, con qué resultado y qué queda fuera del alcance.
Trabajamos en Sabadell y en el resto del Vallès Occidental, una zona que conocemos bien y que tiene una particularidad relevante para nuestro oficio: junto a las fincas de vecinos del centro y los barrios residenciales conviven miles de talleres y pequeñas industrias. Eso significa muchos siniestros donde arde material sintético, cableado o producto químico ligero, y por tanto mucho hollín ácido sobre maquinaria, cuadros y stock.
Ahí la peritación no es un lujo: es la diferencia entre reanudar la actividad con garantías o descubrir tres semanas después que media instalación está comida por dentro. Puedes ver cómo aplicamos este método servicio por servicio en nuestra página de servicios o comprobar en qué zonas de la ciudad intervenimos con más frecuencia.
Qué puedes esperar de nosotros y qué no
Preferimos decirlo antes de empezar para que nadie se lleve una sorpresa. Puedes esperar que la primera visita sea de diagnóstico y no de ejecución, que te expliquemos qué tipo de hollín tienes y por qué eso condiciona el método, y que recibas un informe de alcance con reportaje fotográfico y con la relación de elementos no recuperables. Puedes esperar también que el trabajo se cierre con una verificación de partículas y olor residual en las condiciones más desfavorables, y con un acta firmada.
Lo que no vas a encontrar aquí es un precio por metro cuadrado publicado antes de ver el siniestro, ni la promesa de que se recupera el cien por cien, ni tratamientos exprés de una hora vendidos como desodorización completa. No es rigidez comercial: es que ninguna de esas tres cosas resiste el contraste con un incendio real, y hemos preferido construir el servicio alrededor de lo que sí se puede sostener por escrito.
Nuestra forma de entender un siniestro por incendio
Entendemos un incendio como un problema de diagnóstico antes que de limpieza. Por eso invertimos las primeras horas en medir y documentar en lugar de en frotar, y por eso nuestro trabajo se cierra con una verificación y no con una impresión. Puedes ver ese método aplicado en cada uno de nuestros servicios.
Misión
Devolver a las personas y a los negocios de Sabadell un espacio realmente saneado tras un incendio, sustituyendo la promesa de recuperarlo todo por un diagnóstico técnico honesto que diga qué se salva, qué no y con qué método.
Visión
Que en el Vallès Occidental peritar el daño antes de limpiar deje de ser una excepción y se convierta en lo normal, y que ningún propietario vuelva a descubrir tres semanas después una corrosión que nadie documentó a tiempo.
Los principios que sostienen cada peritación
Cuatro ideas sostienen la forma de trabajar: rigor para medir antes de actuar, honestidad para declarar lo que no se recupera, precisión para aplicar la técnica que cada hollín y cada material exigen, y disciplina de cierre para no dar por terminado nada que no se haya comprobado.
Rigor
Medimos y anotamos antes de actuar; sin diagnóstico no hay método, solo suerte.
Honestidad
Decimos qué no se recupera aunque cueste explicarlo, porque la pérdida documentada también es un derecho.
Precisión
Cada tipo de hollín y cada material tienen su técnica; no existe un producto que sirva para todo.
Cierre
Un trabajo termina cuando el aire se ha verificado y el acta está firmada, no cuando la pared se ve limpia.
Lo que te dejamos por escrito
Concretamente, te entregamos tres documentos y un resultado: el informe de alcance con reportaje fotográfico y relación de pérdidas, la verificación de partículas y olor residual antes de devolverte el espacio, y el acta de entrega con lo ejecutado y lo que queda fuera del alcance.
Informe de alcance
Dossier fotográfico por estancias con clasificación del daño y lista de lo no recuperable.
Aire comprobado
Verificación de partículas y olor residual antes de devolverte el espacio.
Acta de entrega
Documento final con lo ejecutado, el resultado obtenido y lo que queda expresamente fuera.
Más dudas resueltas
¿Vosotros deshollináis chimeneas?
No, y conviene aclararlo porque en Sabadell se confunden a menudo. Deshollinar es mantenimiento preventivo del conducto de una chimenea o una estufa: se limpia el tiro para que no se acumule creosota y no haya riesgo. Eso lo hace un deshollinador. Nosotros intervenimos después de que un incendio haya ocurrido, en el interior del inmueble: hollín depositado en paredes, techos, mobiliario e instalaciones, olor impregnado, corrosión y daños por el agua de extinción. Son dos oficios distintos con herramientas distintas.
¿Por qué vuelve el olor a quemado semanas después de la limpieza?
Porque casi siempre se ha limpiado lo visible y no lo absorbido. Las moléculas del humo se alojan en poros del yeso, en juntas, en textiles, dentro de armarios, en falsos techos y en el interior de las instalaciones. Al subir la temperatura o la humedad, vuelven a liberarse y el olor reaparece. Por eso la desodorización se hace por oxidación en profundidad y, en las superficies que ya lo han absorbido, se sella. Y por eso verificamos antes de entregar.
¿Qué pasa con los enchufes, los electrodomésticos y la electrónica que no ardieron?
Ese es el daño silencioso del que casi nadie habla. El residuo ácido del humo entra en cuadros, mecanismos, placas y motores y empieza a corroer contactos de cobre. El aparato funciona el primer día y falla a las tres o cuatro semanas. Si esa afectación no está documentada en el informe inicial, después es muy difícil que la compañía la asuma, porque para entonces parece una avería sin relación con el siniestro.
Un diagnóstico técnico vale más que diez promesas de recuperarlo todo
936 940 451