
Hay un daño del que casi nadie habla en las primeras horas de un incendio y que, sin embargo, suele ser el más caro a medio plazo. No se ve, no huele y no aparece en las fotos del siniestro: es la corrosión que el residuo del humo provoca dentro de las instalaciones eléctricas, los electrodomésticos, los equipos electrónicos y la maquinaria que no llegaron a arder.
El fuego se apaga en una hora; la corrosión trabaja durante semanas.
Por qué el humo corroe
Cuando arden plásticos, PVC, cableado, espumas o aislamientos, la combustión libera compuestos clorados y otros derivados ácidos que viajan con el humo en forma de partícula muy fina. Al depositarse sobre una superficie metálica, esos compuestos reaccionan con la humedad del ambiente y forman ácidos que atacan el metal. El proceso no necesita fuego ni calor: le basta con el residuo depositado y la humedad relativa normal de una vivienda o un taller.
Residuo ácido más humedad ambiental es igual a corrosión activa.
El humo llega donde el fuego no
El humo es un fluido y se cuela por cualquier abertura: rejillas de ventilación de un electrodoméstico, ranuras de un cuadro eléctrico, entradas de cable, juntas de una carcasa, salidas de ventilador de un ordenador o de un armario de control. Por eso encontramos residuo dentro de aparatos situados en habitaciones donde no ardió nada, e incluso en plantas distintas del edificio. La distancia al foco dice poco: lo que importa es por dónde circuló el aire.
Si el aire pasó por ahí, el residuo también.
El cobre es el primero en sufrirlo
Los puntos más vulnerables son los contactos y las pistas de cobre: bornes de un cuadro, contactos de un magnetotérmico o de un contactor, conectores de una placa electrónica, pistas de un circuito impreso. El ácido genera una capa de óxido que aumenta la resistencia de contacto, y esa resistencia produce calor, que a su vez acelera la degradación. El resultado típico no es una avería limpia el primer día, sino fallos intermitentes que aparecen semanas más tarde y que van a peor.
Empieza por el contacto de cobre y avanza en silencio.
Por qué se manifiesta tan tarde
La corrosión electroquímica es un proceso lento. Necesita tiempo para que la capa de óxido crezca lo suficiente como para alterar el funcionamiento, y ese tiempo suele situarse entre las dos y las seis semanas según la concentración de residuo y la humedad del entorno. Justo el intervalo en el que el susto ya ha pasado, el expediente del seguro está avanzado y a nadie se le ocurre relacionar el fallo de una nevera o de un automatismo con el incendio del mes anterior.
Aparece cuando ya nadie está mirando hacia el incendio.
Qué hacemos en la peritación
Por eso abrimos cuadros y registros durante el diagnóstico inicial, con la instalación sin tensión y con las precauciones que corresponde. Buscamos depósito visible en bornes y carriles, valoramos el estado de contactos y conexiones, y documentamos con fotografía y descripción cada punto afectado. Ese registro entra en el informe de alcance aunque en ese momento todo funcione correctamente, porque el objetivo no es reparar hoy, es dejar constancia de que el residuo estaba ahí.
Se documenta aunque todo funcione: esa es toda la gracia.
Qué se puede tratar y qué no
Un cuadro con depósito superficial y sin ataque avanzado se puede limpiar y neutralizar, y suele recuperarse sin problemas. Un contacto ya picado o una placa con pistas atacadas no se recuperan: se sustituyen. En maquinaria, la decisión depende del valor del equipo y de la accesibilidad de sus componentes; a veces compensa desmontar y tratar, y a veces la sustitución es la opción sensata. Lo importante es que esa decisión se tome con criterio técnico y quede argumentada por escrito.
Depósito superficial se trata; contacto picado se sustituye.
Qué puedes hacer tú desde el primer día
Tres cosas. Primero, no volver a dar tensión a una instalación que ha recibido humo hasta que la revise alguien; un contacto degradado puede calentar. Segundo, no enchufar ni encender equipos que estuvieran en la zona afectada, aunque parezcan intactos. Y tercero, exigir que el informe inicial incluya explícitamente el estado de cuadros, instalaciones y equipos, aunque en ese momento funcionen. Es la única forma de que, si el fallo llega en la semana cinco, esté cubierto y no parezca una avería casual.
No dar tensión, no encender nada y exigir que conste por escrito.
Por qué la humedad lo acelera todo
El residuo depositado necesita agua para convertirse en ácido activo, y la toma del ambiente. Por eso un mismo siniestro evoluciona de forma muy distinta según lo que ocurra después: si hubo agua de extinción y no se extrajo pronto, o si el inmueble permanece cerrado y húmedo durante semanas esperando al perito, la corrosión avanza mucho más deprisa. Controlar la humedad relativa con deshumidificadores desde el primer día no es un extra del secado, es una medida de contención del daño eléctrico y mecánico que todavía no ha ocurrido.
Bajar la humedad es frenar una corrosión que aún no ha empezado.